Desde que era pequeño, hay una imagen que quedó grabada en mi memoria y que, por más que pasen los años no deja de asombrarme. Recuerdo estar sentado frente al televisor, hipnotizado por esos documentales de paleontología donde los mares prehistóricos cobraban vida. Había muchos depredadores, pero ninguno me impactaba tanto como el Xiphactinus.
Lo que me volaba la cabeza (y lo confieso, me sigue fascinado cada vez que repiten esos especiales en la tele y me quedo viéndolos) no era sólo su tamaño, sino su forma de comer. Ver como esa bestia no masticaba, sino que simplemente hacía desaparecer a sus presas de un solo bocado, era algo fabuloso y aterrador a la vez. Hoy, quiero rendirle un sólido homenaje a este gigante óseo.
- Nombre Científico: Xiphactinus Audax.
- Período: Cretácico Superior (hace entre 80 y 65 millones de años atrás).
- Longitud: 4,3 a 6 metros de longitud.
- Peso estimado: 500 a 1000 Kg.
- Hábitat: Mar Interior Occidental (Norteamérica) y Europa.
- Dieta: Carnívoro (principalmente otros peces y reptiles pequeños).
El nombre Xiphactinus significa literalmente "Aleta de Espada". Este nombre no es casualidad; proviene de los radios óseos de sus aletas pectorales, que eran tan rígidos y afilados que parecían armas blancas.
Si miras de frente a un Xiphactinus, entenderás por qué los paleontólogos lo comparan con un bulldog. Su cráneo era chato, robusto y extremadamente fuerte. Pero lo más impresionante no era su apariencia, sino su funcionamiento.
Existe una pieza en el Museo Sternberg de Historia Natural (Kansas), que es probablemente, el fósil de pez más famoso del mundo. Se trata de un ejemplar de 4 metros que tiene en su interior, perfectamente preservado, un "Gillicus Arcuatus" de casi dos metros.
- Tiburones Cretoxyrhina: Se han encontrado vértebras de Xiphactinus con marcas de dientes de este tiburón, conocido como el "Ginsu" por su capacidad de cortar hueso.
- Mosasáuridos: Los verdaderos reyes. Aunque mencioné que se ha hallado un Xiphactinus con una aleta de mosasaurus en la boca, lo más probable es que fuera un ejemplar joven o carroña. Un mosasaurus adulto habría hecho pedazos al gran pez óseo.
Uno de los grandes vacíos en la historia de Xiphactinus es su infancia. Los fósiles de ejemplares jóvenes son rarísimos. Esto ha llevado a los científicos a pensar que quizás pasaban sus primeros años en aguas poco profundas o estuarios donde los fósiles no se preservaban tan bien.
Escribir sobre el Xiphactinus es volver a esas tardes de televisión y asombro. Es un recordatorio de que la naturaleza, mucho antes de nosotros, ya había diseñado máquinas de caza perfectas. Hoy no tenemos nada que se le parezca; el pez óseo más grande actual es el pez luna (Mola mola), que es fascinante, pero carece de esa ferocidad que hacía del Xiphactinus la pesadilla definitiva de los mares.
Si alguna vez tienes la oportunidad de viajar a Kansas o ver una réplica de su fósil, detente un momento ante su mandíbula. Imagina el vacío, la succión y el silencio del océano justo antes del ataque.
¡HASTA LA PRÓXIMA EXTINCIÓN!
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